
Con la Guerra de los 30 años (1618-1648), conflicto originado por diferencias entre católicos y protestantes dentro del Sacro Imperio Romano Germánico con consecuencias a nivel internacional en Europa, la fuerza de opinión del Vaticano y su papel como mediador de conflictos en Europa quedo sin efecto al no ser ya un juez imparcial o por lo menos de confianza. De ello, emana el estado-nación como un ente político soberano que puede regular sus relaciones hacia su interior y exterior de la manera que considere más conveniente sin el aval de un tercero. Esto es sin duda,es el origen del estado como lo conocemos.
¿Hasta qué punto puede ejercer el estado la soberanía en la actualidad? ¿De qué manera la comunidad internacional puede diferenciar entre una violación a la soberanía de un estado y la protección de derechos universales sin la autorización del mismo para hacerlo? Los derechos humanos son, sin duda alguna, superiores a la soberanía de cualquier nación en la actualidad. Estas preguntas son frecuentes en los últimos días debido a los acontecimientos en Libia y la injerencia de la comunicad internacional para detener una masacre.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), máximo foro representante de la comunidad internacional, ha avalado la intervención de una coalición de países en territorio libio con el fin de frenar una masacre en el país africano. Siendo este uno de los objetivos asentados en la Carta de la ONU, es bien visto que se haya tomado esta resolución en el Consejo de Seguridad del organismo, sin embargo es una violación a la soberanía Libia.
En los últimos días luego del éxito de las fuerzas de coalición en destruir la fuerza aérea y artillería libia se ha dado un giro importante a la resolución. Las declaraciones de Obama y Cameron van dirigidas hacia un apoyo directo a las fuerzas rebeldes para derrocar a Gadafi, siendo que solo se acordó generar garantías para evitar que el armamento del régimen fuera utilizado en contra de la población civil.
Es debatible la existencia de la soberanía en nuestros días cuando desde hace mas de 50 años se está gestando un sistema de normas por arriba del estado-nación, pero esto no da cabida a que se respalde un cambio de régimen, sea o no democrático, mediante la injerencia extranjera. Esto nos sitúa ante una acción retrógrada del sistema internacional, que permite tergiversar las resoluciones del órgano máximo de la ONU para la conveniencia de intereses políticos y económicos.
Si bien es cierto que el mundo occidental no está de acuerdo con el régimen de Gadafi debe ser el propio pueblo libio el que exija y conforme, sin el soporte de una coalición internacional, las reglas en el interior del país. Hasta no dar un cambio en la definición de soberanía y sus límites, evidentemente esto viola las normas del derecho internacional público.
En los próximos días se espera ver el desenlace del conflicto en Libia, que por las acciones tomadas en la intervención no serán para la evolución de las relaciones internacionales pero sí para un nuevo esquema de intervención avalado por organizaciones en lugar de los estados.
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